Principios Universales: Ley de Causa y Efecto

“Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa”. Así reza la Ley de Causa y Efecto, aludiendo al principio de causalidad que rige nuestras vidas. Nada es casual. Todo es causal.

¿Qué significa todo esto? Pues que todo lo que sucede en nuestras vidas tiene una causa. Y esta causa, a veces, la hemos engendrado nosotros mismos con nuestras actuaciones.

SE COSECHA LO QUE SE SIEMBRA

El dicho popular: “se cosecha lo que se siembra” alude precisamente a la Ley de Causa y Efecto. Explicado en términos de energía quiere decir que si nuestros pensamientos y acciones vibran en una frecuencia alta lo que llegará a nuestra vida vibrará igualmente en la misma frecuencia. Es lo que se conoce como Ley de la Atracción: atraemos lo que resuena con la energía que proyectamos.

Pero esto no es del todo exacto. Muchas veces llegan a nuestras vidas situaciones que no cuadran con nuestra trayectoria de vida. Situaciones tan terribles, tan injustas que nos dejan anonadados. ¿Qué semillas hemos sembrado para cosechar semejantes pruebas? Pues quizá no lo hayamos hecho nosotros, al menos, no en esta existencia.

PLANOS SUPERIORES DE ACTUACIÓN

Cuando las causas escapan a nuestra acción, es que están por encima de nosotros y aparecen en nuestras vidas obedeciendo a planos superiores de actuación que escapan a nuestro control. Es cuando I Ching dice: “Es tiempo de esto“; nada se puede hacer, más que esperar a que la energía que predomina en ese tiempo vaya perdiendo su fuerza, dando paso a una situación más benévola para nosotros.

Aguantamos el chaparrón pero poniendo “al mal tiempo buena cara“. Porque lo único que podemos aportar, cuando todo parece estar en contra, es ser pacientes y flexibles y estar atentos a lo que el camino nos va ofreciendo. Es la forma de sembrar acciones conscientes en vez de dejarnos llevar por la inercia de nuestras reacciones. Nuestra actitud cuenta, y mucho.

EL VALOR DE LA ACCIÓN CONSCIENTE

La Ley de Causa y Efecto nos dice que la vida es un colosal espejo que refleja lo que somos y nos indica el punto del camino en el que nos hallamos. Cuando comprendemos esto, dejamos de comportarnos como autómatas y empezamos a observar lo que nos sucede desde otro ángulo. La vida, entonces, se convierte en una fuente de experiencias y situaciones con la única finalidad de avanzar en el camino del autoconocimiento.

A medida que avanzamos, sembrando acciones conscientes, podemos neutralizar una parte de la carga adquirida con nuestras acciones en esta vida e, incluso, aquella carga heredada con la que venimos al mundo, dejando de ser zarandeados por sus efectos. De esta manera, subimos un peldaño en la escala de actuación, pudiendo convertirnos en “causa” para crear un nuevo orden, más armónico para nosotros y para los que nos rodean.

 

Fuente: energiaparaelequilibrio.com por María Ródenas.

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