Principios Universales: Ley de Polaridad

Nuestro Universo es dual. Esto lo habrás oído o leído con anterioridad. Pero ¿qué quiere decir? La dualidad nos habla de separación, de un Universo en el que la unidad no existe. Todo tiene dos polos, dos caracteres aparentemente antagónicos, los dos extremos de una misma cosa.

Entra aquí en juego la Ley de Polaridad que nos dice que todo tiene su par de opuestos, idénticos en naturaleza pero diferentes en grado. Por ejemplo: la luz y la oscuridad, el frío y el calor, la belleza y la fealdad, el nacimiento y la muerte… Polos opuestos, etiquetados como positivos o negativos por el ser humano y, sin embargo, tan necesarios el uno como el otro. La Ley de Polaridad nos dice que, en realidad, no son contrarios sino complementarios.

Porque, ¿cómo podríamos entender la luz si no existiera la oscuridad? ¿Cómo saber que aquello que hacemos está bien sin comprender que lo contrario está mal? La Ley de Polaridad nos dice que hemos de experimentar cada cosa por separado, hemos de vivir bajo cada uno de los extremos, para, finalmente, encontrar el término medio.

Dicen que entre el blanco y el negro hay miles de matices. En la gradación del uno al otro, surge el gris. El gris sería un buen término medio, si quisiéramos reconciliar los dos extremos. Pero, analiza que poco nos gustan “las medias tintas”, que el gris es un color tildado de aburrido y sin gracia: “una existencia gris”, “una persona gris”…

Los extremos nos llaman más la atención. La polaridad nos apasiona. Y es que la polaridad lo domina todo. Y lo atrae todo. Porque todo aquello que está separado tiende a unirse de nuevo. A complementarse. Esa fuerza de atracción es lo que nos hace ir de un extremo a otro de las cosas, para vivir todas las experiencias posibles. Y este devenir está acompañado por nuestras emociones que también oscilan entre opuestos: la felicidad y el sufrimiento, el amor y el odio… Y por nuestros pensamientos, unas veces positivos, otras negativos… Ahora entendemos porqué se habla de montañas rusas emocionales.

En el camino del autoconocimiento hemos recorrido kilómetros y kilómetros oscilando de un extremo a otro. Y seguimos haciéndolo. Pero, aunque no nos demos cuenta, la oscilación es cada vez menor. Empezamos a pasar más rato en “el gris” que, aunque para algunas personas pueda parecer aburrido, muchos mas nos está sentando muy bien, porque estamos más serenos, más centrados, menos caprichosos, con mayor aceptación. Estamos comenzando a alinear nuestra existencia con el momento presente y a sentirnos menos separados de lo que nos rodea. En algunos instantes, incluso, podemos trascender la Ley de Polaridad y percibir la sensación de unidad con el Universo… y más allá.

Fuente: energiaparaelequilibrio.com por María Ródenas.

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